Al igual que en las llanuras de Anatolia, Turquía, los primeros cristianos excavaron en Treviño ermitas rupestres y viviendas troglodíticas cuya visión resulta inquietante. Laño, un pequeño pueblo de este enclave burgalés en el corazón de Araba, es el mejor lugar para disfrutar de estas cuevas artificiales. Conocidas como Gobas, fueron abiertas a pico por los visigodos para establecer en ellas sus viviendas y sus templos. Siglos después de que los eremitas las abandonaran, fueron convertidas en una necrópolis medieval, por lo que se hallan horadadas por decenas de tumbas antropomorfas.
| Provincia: | Álava |
|---|---|
| Dificultad: | Fácil |
| Modo: | A pie |
| Temporada: | Otoño |
| Duración: | 2 h |
| Distancia: | 6,92 km |
Una ruta fascinante en torno a Laño nos lleva al encuentro de dos conjuntos de cuevas muy interesantes, el de Laño y el de Santorkaria. Por si fuera poco, el paseo nos regala una caminata inolvidable por un hayedo donde el silencio sólo se ve roto por nuestras pisadas en la hojarasca. Comenzamos a caminar desde la plaza de Laño, en cuya fuente generosa podemos llenar la cantimplora. Seguimos las señales del GR-38 que indican hacia las Gobas y Albaina. Cinco minutos por carretera nos llevan hasta una pista donde las señales corroboran el buen rumbo. No tardamos en llegar a unos escalones y una bifurcación. La ruta sigue por la derecha, pero antes giramos a la izquierda para visitar las Gobas de Laño.
Algunas de las cuevas más interesantes se encuentran tras un vallado que permanece siempre abierto. Echamos un vistazo al lugar y regresamos a la ruta principal, señalizada con pintura blanca y roja. Pasamos junto a otra Goba y avanzamos por un sendero que discurre por la linde de unos cultivos hasta desembocar en un cruce de pistas. Abandonamos el GR y elegimos la opción de la derecha para descender hasta la carretera. Una vez en ella, giramos de nuevo a la derecha. Diez minutos de cómodo paseo por asfalto nos llevan hasta un desvío señalizado que surge en el lado izquierdo. Se trata de un sendero que nos traslada rápidamente a las Gobas de Santorkaria.
Este es otro conjunto eremítico de gran valor que deja entrever cómo se establecían las viviendas en la entraña de la roca. Desde ahora y hasta el final de la ruta seguiremos unas señales verdes y blancas. Gracias a ellas nos orientamos en un encinar hasta alcanzar el collado del Pericón, donde giramos a la derecha para descender entre pinos a una carretera. Apenas la tocamos porque nos desviamos a la derecha por una pista que desciende. Siguiendo las señales y el camino principal, llegamos a un impresionante hayedo.
Un precioso paseo cuesta abajo nos descubre este bosque que parece encantado y nos lleva hasta los cultivos cercanos a Laño. El final de la ruta queda a tiro de piedra.