En los confines de Euskal Herria se extiende un árido desierto único en Europa. Su extrema belleza, moldeada por la erosión a lo largo del tiempo, se transforma con cada estación víctima del implacable clima navarro. Espectaculares paisajes abarrancados, coronados por agujas de piedra que amenazan con desmoronarse, contrastan aquí con mesetas infinitas agrietadas con fantasía por la naturaleza. El territorio de las Bardenas es un oasis lunar que insiste en la gran diversidad de la tierra vasca. El insólito paisaje de esta remota región rompe su monotonía con uno de los cerros más singulares de la geografía vasca: el monte Piskerra, a cuya cima se dirige esta sencilla ruta.
| Provincia: | Navarra |
|---|---|
| Dificultad: | Fácil |
| Modo: | A pie |
| Temporada: | Primavera |
| Duración: | 50 min/ida |
| Distancia: | 3,19 km |
El acceso a la encrucijada desde la que comienza la excursión puede resultar complicado si no se conoce la zona. Desde el casco urbano de Arguedas se debe conducir en dirección a Tudela por la carretera NA-134. A apenas un kilómetro del pueblo, después de la gasolinera, surge a la izquierda una carreterilla que en 11 kilómetros muere en el cuartel militar. En este punto, encontramos el desvío a la pista que bordea el polígono de tiro. Abandonamos el asfalto por el lado izquierdo de la marcha y en 10 kilómetros, previo paso junto al cabezo de Castildetierra, llegamos al desvío que se dirige a El Paso. Aquí existe una pequeña explanada reservada para estacionar vehículos. Comenzamos a caminar en dirección a El Paso. Los primeros 570 metros de la ruta discurren por la pista de grava que se aleja en perpendicular del polígono de tiro.
Al salir de una curva, un camino poco marcado surge por la derecha junto a una hondonada. La sorteamos por la zona más transitable y progresamos por un carril que discurre entre cultivos con el perfil del Piskerra cada vez más cerca.
Tras media hora de paseo, dejamos a la izquierda un caserón y giramos a la izquierda en una zona hasta la que muchos excursionistas acceden con sus vehículos. Nos adentramos en un cañón sinuoso que nos transporta durante unos minutos a un mundo de arcilla casi irreal. Perdemos todas las referencias visuales hasta localizar en el lado derecho una angosta escalinata que comienza a ganar altura entre hermosos picachos pintados, a través de los años, por la caprichosa historia geológica de las Bardenas Reales.
En lo alto, un pequeño desvío invita a tomarse un respiro sobre la torre de vigía que se yergue frente a la cima del Piskerra. Excelentes vistas, quizá las más espectaculares de la ruta, nos aguardan en este accesible otero.
Regresamos al itinerario principal. Retomamos el camino en dirección a la cumbre. Una pequeña trepada por la roca desnuda nos deja al pie del flanco norte del Piskerra y atacamos los últimos desniveles de la ascensión por una pared quebrada. Se debe avanzar con cuidado, sobre todo, con el terreno húmedo si se quiere coronar la meseta cimera y disfrutar de una panorámica de 360º sobre la fantástica Bardena Blanca.