Abierto por obrasEn el corazón medieval de Vitoria, una obra sin precedentes por estos lares recupera la joya gótica de Santa María. También conocida como Catedral Vieja, despunta sobre los antiquísimos techos del casco antiguo de la villa, tal y como ha hecho desde hace siglos. Su rica historia no sólo cautiva a los vascos, sino que ha inspirado a escritores de renombre internacional. No es para menos, porque esta histórica catedral data del siglo XIII, pero presenta estructuras doscientos años más antiguas. Aquejada de notables enfermedades constructivas que estuvieron al borde de derrumbarla, ha pasado a convertirse en un referente mundial gracias al programa "Abierto por obras", que la rehabilita. En lugar de clausurarla, como ocurre en cualquier lugar del mundo, hasta su completa recuperación, la fundación Catedral Santa María ha abierto el trabajo al público para mostrar a través de visitas guiadas los entresijos del templo, su decadencia y renacimiento. El recorrido por la catedral se convierte así en una auténtica visita de obra, con casco incluido, que nunca deja de deparar sorpresas por tratarse de un proyecto vivo, cambiante e interactivo.
La cuna de los Guevara
El imponente
castillo de Guevara, que corona un risco sobre el pueblo del mismo nombre, es una atalaya perfecta. La magnífica fortaleza, hoy devorada por la vegetación, fue erigida en el
siglo XV. Su función era la defensa de la
casa-torre de los Guevara, un magnífico
palacio medieval del siglo XIII que se encuentra a sus pies, en el fondo del valle. Tanto el palacio como el castillo fueron destruidos y
saqueados en 1839, durante la Guerra Carlista, pero sus ruinas permiten aún evocar los largos siglos en que los
señores de Guevara eran una de las familias más influyentes de la región. La casa-torre es accesible por una carretera vecinal desde los alrededores de
Garaio. Sólo una de las cuatro torres con las que contaba ha sido restaurada. Desde aquí, estrechos y empinados senderos trepan hasta el castillo defensivo, donde podemos acercarnos a la base de la imponente torre defensiva que aún queda en pie. Las vistas desde ella son incomparables y permiten rememorar las hazañas bélicas de sus antiguos moradores. El silencio que invade las ruinas es ideal para disfrutar de la
panorámica del embalse de Uribarri y de la Llanada, donde se suceden hasta el horizonte los campos de labor, salpicados por pequeñas iglesias y núcleos urbanos.