Bailando al ritmo que marcan las mareas del Atlántico, el Adour dibuja los límites del norte de las tierras vascas. Su cauce, ancho y apacible, se desborda en tiempos de crecida para crear las conocidas como barthes, zonas inundables que quedan temporalmente cubiertas por las aguas. En este delicado ecosistema conviven no pocas especies de aves y peces. Cuando el río vuelve a su cauce, deja tras de sí una gran llanura aluvial cubierta de limos, muy apreciados por los agricultores, que consiguen en estas tierras cenagosas abundantes cosechas.
| Provincia: | Iparralde |
|---|---|
| Dificultad: | Fácil |
| Modo: | A pie |
| Temporada: | Invierno |
| Duración: | 1 h 30 min |
| Distancia: | 5,32 km |
Unos muelles empedrados y varios almacenes reconvertidos en viviendas nos dan la bienvenida al puerto fluvial de Urt, antiguamente uno de los más activos de la comarca. Varias barcas desvencijadas permanecen amarradas, último recuerdo vivo de una época no muy lejana. Aquí, veinte kilómetros río arriba desde su desembocadura en Baiona, las aguas del Adour son saladas y bailan con las mareas. Mirando al río, tomamos la pista de la izquierda, un antiguo camino de sirga que nos lleva por la orilla hasta un extraño cabrestante utilizado antaño para pescar. Pocos pasos más allá, llegamos a la altura de la isla de Sablot.
Entre sus árboles anida una importante y ruidosa colonia de garcetas. Frente a ella, antes de llegar a una barrera que nos corta el paso, dejamos el Adour para desviarnos a la izquierda por un camino carretero que se adentra entre cultivos de maíz. Extremamos la precaución porque la ruta cruza aquí una carretera para seguir de frente junto a un vivero de árboles. Unos minutos más y llegamos a una casa rural. El asfalto acaba junto a ella y una barrera impide el paso a los vehículos a motor.