Vigiladas de cerca por la imponente cumbre del mítico Anboto, las minas de Arrazola fueron durante los primeros años del siglo XX unas de las más boyantes de la comarca. Tales eran las expectativas, que para transportar el hierro que de ellas se obtenía, fue construido un ferrocarril minero en 1904. Sin embargo, la explotación de mineral fue menor de la prevista, las minas fueron clausuradas y el tren cayó en desuso. Tras el cierre definitivo de la línea en 1925 y varias décadas de olvido, el viejo recorrido se ha recuperado y transformado en una vía verde que descubre uno de los parajes más encantadores de Bizkaia.
| Provincia: | Bizkaia |
|---|---|
| Dificultad: | Fácil |
| Modo: | A pie |
| Temporada: | Otoño |
| Duración: | 1h 30min |
| Distancia: | 5,00 km |
El apacible valle de Atxondo es el escenario de lujo de una vía verde que se abre camino al pie de las montañas de apariencia alpina de Urkiola. El acceso más sencillo a la vía se encuentra frente al Batzoki de Apatamonasterio. Un pequeño puente sobre el río Arrazola nos lleva hasta una ancha pista por la que avanzamos unos metros, para coger inmediatamente a la derecha un camino que parece enfilar en línea recta hacia el Anboto. Un cartel de madera nos recuerda que entramos en la vía verde de Arrazola, paseo familiar prohibido para ciclistas.
Entre campas donde pastan simpáticas cabras, no tardamos en llegar al barrio de Marzana, un pequeño grupo de caseríos en torno a la vieja iglesia de San Martín. Tras él, la ruta se aproxima a una serrería y una carretera comarcal. La cruzamos y una larga recta nos invita a avanzar tranquilamente hasta un magnífico paraje a los pies de las montañas de Urkiola. Vetustos caseríos diseminados sobre pequeñas colinas onduladas contrastan con los impresionantes roquedos calizos de las montañas, creando hermosas estampas alpinas. Nos encontramos una nueva carretera, al otro lado de la cual la vía verde se adentra en el caserío de Santiago.
Entre tanta belleza, alcanzamos pronto el barrio de Santiago, que dejamos a la izquierda pero al que merece la pena desviarse para admirar su original ermita. La vía continúa después entre pinares y colinas colonizadas por grandes rebaños de ovejas. Sin apenas darnos cuenta, llegamos a Arrazola.
Entre sus tejados sobresale la orgullosa silueta del Anboto, que nos vigila desde sus más de 1.300 metros de altura. La vieja vía férrea continúa remontando suavemente el valle entre molinos y caseríos hasta dejarnos junto a la ermita de San Roque. Pocos metros después alcanzamos el final de la ruta. Aquí, el trazado de la vieja vía se detiene para descubrirnos las antiguas minas de Errotabarri, donde se ven, perdidos entre la maleza, restos de los hornos de calcinación y del poblado minero.