| Provincia: | Álava |
|---|---|
| Dificultad: | Fácil |
| Modo: | A pie |
| Temporada: | Verano |
| Duración: | 1 h 30 min |
| Distancia: | 5,32 km |
La ruta comienza en la Casa del Mitxarro, el centro de interpretación de la Naturaleza, situado junto a una central hidroeléctrica en pleno casco urbano de Araia. No hay más que seguir las señales blancas y verdes del sendero del Nacedero. Enseguida llegamos hasta la fábrica de maquinaria agrícola Ajuria, abandonada y reconvertida en improvisado corral. Un ingenioso sistema para mover la maquinaria aprovechando la fuerza de un arroyo hizo de esta factoría un icono de la industrialización vasca. Tras pasar junto a sus naves olvidadas, el paisaje se vuelve espectacular.
Robles centenarios, cascadas, arroyos ferruginosos... la naturaleza más salvaje envuelve nuestros pasos, que comienzan a ganar altura. Tras pasar junto a la fuente de la Salud, las hayas se adueñan del paseo, que no tarda en llegar a un cruce señalizado. El camino de la izquierda discurre junto al río hasta la cascada del nacedero. El de la derecha sube hasta encontrar junto a una pista un canal que seguimos hacia la izquierda para encontrar el nacimiento del Zirauntza. Da igual cual de ellos tomar, pues no tardan en volverse a unir.
El nacimiento del Zirauntza es un rincón espectacular donde el agua, los árboles y la roca forman un mundo mágico. Por un puente de madera, cruzamos a la otra orilla, donde seguimos las señales blancas y rojas de un GR que siguen otro canal. Tras quince minutos de caminata llegamos al final del canal, cruzamos un cercado y encontramos un cruce. El GR nos guía hacia la derecha y, enseguida, de nuevo a la derecha. Ascendemos hasta un pequeño collado entre grandes rocas.
La senda desemboca en una pista que tomamos hacia la izquierda para comenzar a descender. Nos olvidamos de las señales blancas y rojas, que no tardan en desviarse hacia Zalduondo, para seguir siempre por la pista principal, la de la izquierda, que nos lleva hasta la base de la peña donde se asienta el castillo de Marutegi. Fundado según la tradición por los reyes navarros en el siglo VIII, el viejo vigía de piedra aún se recorta sobre los campos de labor. La misma pista, siempre cuesta abajo, nos lleva después de vuelta hasta las calles de Araia.